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Wednesday, April 27, 2005

A pesar de todo el despliegue de transformaciones, transformaciones que casi llegan a periclitar el modelo decimonónico de una enseñanza hasta ahora vigente, con la llegada y uso masivo de internet, la penetración de las redes telématicas y su aplicación para uso formativo (que en teoría proporcionan esquemas mucho más flexibles de aprendizaje) parece que hay quien no acaba de enterarse que cuando se habla de “informática” la cosa va más allá que saber manejar el pc y unos cuantos programas escasamente adaptados a las necesidades de un aula.

Esta idea, que pudo ser cierta hace veinte años, hoy es tan inexacta como pensar que por manejar una podadora ya se puede construir un jardín, sin tener en cuenta que para ello necesitamos tener conocimientos del clima, de edafología y de muchas otras disciplinas.

Cuando uno no sabe, siempre es mejor hacer los experimentos con gaseosa, y no lanzarse a crear un blog con la disculpa de enseñar a sus alumnos convirtiendo este en un patio de vecindad contando cuitas sobre “niñas argentinas” que no pueden dejar de mirar su correo (en una postura de perdonavidas comprensivo) o “catalogar” oficialmente a algunos de sus alumnos como “de trabajo regular” porque cuando abren Google “sólo miran la primera página de los resultados”, al menos no públicamente

definido en plena efusión de entusiasmo no se sabe muy bien si poseído por el espíritu de lou grant o por el de megan carter, (aquella reportera que encarnaba sally field en ausencia de malicia), fabian no acaba de enterarse muy bien de qué va esto y más que un “ejercicio educativo” convierte su bitácora en un trabajo actoral más digno de una tv-movie de saldo de sobremesa que de la confianza del, por naturaleza, desconfiado alumno.

Ls tecnológias que sustentan el desarrollo de la sociedad de la información siguen y seguirán evolucionando rápidamente, los avances que se registran en las comunicaciones y su aplicación en el ámbito educativo abren posibilidades y aplicaciones nuevas y apasionantes pero que poco tienen que ver con añejas bitácoras con pretensiones de gallinas ponedora de pollitos mediáticos a los que mimar, acariciar y sobreproteger.

Thursday, April 21, 2005

Recorrer bitácoras es divertido, hay de todo como en botica, gente más o menos razonable que despliega su talento y su ingenio de una forma correcta, posteadores compulsivos que anima a pegarle fuego a todo lo que se mueva, cenutrios que no se enteran de nada y para los que la ironía es tan impracticable como el esperanto, inteligentísimos puntos de vista sobre la polémica de turno, y hasta quien cada vez que teclea echa espuma por la boca mientras se cisca en cualquiera que no piense como él.

Pero hay dos temas sobre los que el fanatismo y la intolerancia se desarrollan especialmente, dos temas en los que la realidad y la demagogia mezclarese peligrosamente la iglesia y los nacionalismos.

No fallan nunca.

Objetar, sobre algún asunto que tenga relación con cualquiera de estos temas puede costar caro, distanciarse de su trampa ideológica, de su estúpida arrogancia, de su rencor cainita, supone caer en el anatema reaccionario o progresista según sea el color político que así lo dictamine.

Esquerra i país es un buen ejemplo de esa explosiva combinación de estupidez, política e incultura, por otra parte tan española, en la que algunos blogs se han instalado.

Sus post, a medio post a medio camino entre el bramido reivindicativo y el victimismo más impúdico, se pierden en un laberinto de polémicas sin fin, estériles, adobadas casi siempre por el empalago irracional de las ideologías, que excluyen, desde sus atalayas dogmáticas, cualquier intento de racionalizar un asunto para que se haga real y operativo.

Confundir la trasgresión con una simple inflamación tonal, o el derecho a la libre opinión con el de la opinión basada en la racionalidad y en los hechos contrastables, suele llevar al mismo final: pasarse tres pueblos

Es lo que ocurre cuando el rigor ideológico, es decir dogmático, supera con creces a cualquier posibilidad de establecer diálogos constructivos e inteligentes, que uno acaba convertido, esencialmente, en un broncas.

Desde luego teniendo semejantes “defensores”, sobra cualquier “atacante”.

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